Dimensionar un poco el tamaño y el rol que tenemos como especie que habita un lugar, evidentemente prestado y adaptado para que podamos vivir. Pensar en la posibilidad de renovarse o trasladarse o dejar de afectar nuestra casa, que nos alberga, nos alimenta y nos cría. Concienciar de una vez por todas que somos un elemento tan minúsculo de un reloj tan inmenso. Y nos preocupamos por los átomos, y por el universo sin entender que ellos son eternos y nosotros todavía buscamos serlo. Pero ojo! No le importaría a la tierra que no estuviéramos mas. Ni que hablar del sol. La luna que se ríe de todo.
Vivir en la plenitud y en la alegría el resto del tiempo que lo hagamos.
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