De una belleza irrefutable, nace una adicción. Un egoísmo disfrutado en silencio.
Por su temor a hablar. No necesito mas miedos, me basta con no ser mas en su memoria. Pesadumbre melancólica galopante, a raíz de la tristeza. La luna me sonrie por la ventana, augurando buenos vientos. No entender lo que se contrapone al propio querer, es infantilismo. Pero no quiero escribir el dolor para fortalecerlo. Debo subir las frecuencias. Superar expectativas, verbalizar prudente. Lograr entender y hacer entender necesidades. La escalas son tantas, las escaleras hay que subirlas, no voltearlas. Llamo a la paz.
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